tercera parte - estás solo

Estás solo, 3ª parte de La Purga 5

— Por favor Pedro, ayúdame.— Suplica Frank sentado frente a su amigo Alameda, postrado en una silla de ruedas desde “el accidente” que sufrió, tras mostrar unas fotos a su jefe, que vinculaban a un alto cargo bancario con el jefe de La Escuadra Demencial. Una pared del despacho está adornada por varios cuadros de diplomas de derecho, y menciones al mérito policial, alrededor de un enorme ventanal cubierto por unas cortinas blancas bordadas que dejan pasar la luz de la mañana. La pared de enfrente está ocupada por una enorme estantería de madera noble, abarrotada de libros de leyes de enjuiciamientos criminales, criminología y libros forenses. Están encabezados por numerosas fotos donde figura el comisario con ilustres personajes de la política, presidentes de gobiernos y el rey. También hay un marco grande donde figuran las cuatro medallas y las dos cruces al mérito policial.  En medio está el escritorio, impoluto de papeles y elementos decorativos. Sólo un portátil y una elegante lámpara de mesilla. Al lado de la puerta un carrito con bebida con vasos bajitos y anchos,  y una botella de cristal tallado conteniendo el mejor whisky.

— No puedo amigo mío. El ponerme bien se está llevando todo mi tiempo.  Me está llevando meses recuperarme Frank. No te puedes ni imaginar, los dolores que tengo cada vez que me subo a las paralelas y los fisioterapeutas me hacen andar. Después me tengo que tomar esta ristra de pastillas para los dolores, que me tienen todo el tiempo como un drogadicto. Estoy descolgado completamente de lo que ocurre en la comisaría. No sé qué han hecho en el ordenador de mi despacho…lo que es peor, no sé si me dejarán volver.  A mi ayudante le han trasladado a Toledo, a supervisar la identificación de los fallecidos por la pandemia. Fíjate cómo estará la situación que, uno de mis policías me llamó desde un teléfono móvil irrastreable, para ponerme al día de lo que allí sucede, y me ha contado que a todos los que fueron a verme al hospital, los están trasladando a tareas administrativas, como trámites de D.N. I. o enviándolos fuera de Madrid. Eduardo, antes de marcharse, hizo un barrido, para ver si tenía micrófonos en mi casa. Encontró cinco. Los muy hijos de puta los colocaron, mientras yo me debatía entre la vida y la muerte. Siento lo de tu hija Frank, pero no puedo ayudarte. Sabes lo que te va a pasar si vas ¿No? — Le contesta pesaroso el comisario Alameda. El periodista está desesperado. La muerte le aguarda en el lugar de las coordenadas que el coronel le ha dado. Pero al menos tiene que intentar salvar a su hija.

— Sí…Lo sé. Pero mi prioridad es Andrea. Y si no me puedes proporcionar información de lo que pretenden hacer esos psicópatas, probablemente muramos los dos. Al menos ayúdame a poner a salvo a mi hija.— Le dice Frank con ojos llorosos. Alameda se siente completamente impotente por no poder ayudar a su amigo. Sabe que la cruzada que el reportero emprendió contra La Hermandad negra y La Escuadra Demencial, terminará acabando con él y con todos los que le ayuden. A Alameda casi lo matan. Siempre ha querido tener hijos, pero viendo lo que está pasando Frank, casi da las gracias a Dios por no haberlos tenido. Se queda pensativo. “A la mierda , perdóname Ana” , piensa el comisario:

—Escucha. Sabes que también La Orden de Santiago se ha disuelto.— Le dice Alameda.

— Sí. El gobierno les acusó de orden secreta que conspiraba para dar un golpe de estado. Y lo peor fue que la gente se lo tragó. Los únicos que podían hacer frente a La hermandad y a esos locos asesinos, y el gobierno los quita de en medio— Dice resignadamente el desesperado Frank.

— Tú escúchame… La Orden fue informada antes de que la acusación saliera a la luz, dándole tiempo a borrar todos los datos de sus componentes, y a poner a salvo la identidad del informante que tienen dentro de La Hermandad Negra. Aunque ahora hayan pasado a la clandestinidad, la lucha continúa y mientras les quede aliento, continuarán peleando contra la siniestra orden.— Le habla el comisario esperando que la desesperanza le dé un respiro a su amigo.

—  Ya he llamado al comandante de La Orden, y el teléfono me dice que el número marcado no existe.— Frank se levanta de la silla para marcharse. No quiere molestar más al comisario.—. Ya bastante has hecho por mí. Muchas gracias Pedro.— Frank se siente culpable de la situación del comisario. Si no le hubiera dado esas fotos, ahora mismo estaría en la comisaría trabajando contra los malos. Alameda lo sabe y siempre le excusa de lo sucedido.

—  ¿A dónde vas? Espera Frank, siéntate y escucha.— El periodista vuelve a sentarse.—Gracias a ti, sabemos que lo que has descubierto, no es una falsa conspiración más de esas que circulan por internet. Si no la gran y auténtica conspiración. Una panda de hijos de puta ricos, cuya codicia no tiene medida, tienen una sola meta: controlar el mundo; recursos de todo tipo, la economía mundial, gobiernos… Establecer un orden mundial como a ellos mejor les convenga. Provocan guerras para enriquecer a sus empresas armamentísticas, provocan la ruina a naciones, para enriquecer a sus bancos, controlan la economía mundial a través de sus lobbies financieros, incluso son capaces de provocar pandemias para beneficiar a sus grandes farmacéuticas. Así que no te culpes por lo que me ha pasado. ¿Qué clase de policía sería yo, si las fotos que me entregaste, las hubiera tirado a la papelera? Sabía que lo que me entregabas era muy peligroso, pero había que intentar desenmascarar a esa gentuza. Ahora escúchame bien.— Le dice el comisario mientras hace la señal de silencio con el índice de su mano derecha. Saca un pañuelo del bolsillo del pantalón y se seca la frente. Las pastillas para el dolor, de vez en cuando, le hacen sudar repentinamente.— Entre la rehabilitación y estas pastillas me van a dejar un tipazo de la ostia.— Dice sonriente. Frank también sonríe. — La vida siempre termina favoreciendo a los justos aunque no lo parezca. Vete a por tu hija. Siempre tendrás a alguien que te ayudará.— Después señala su oído disimuladamente, indicando a su amigo Frank que todavía les están escuchando— Ahora márchate y no te rindas.— Le dice mientras le extiende la mano para despedirse. Cuando Frank se levanta  y le estrecha la mano, siente que el comisario le da algo. Éste le mira con complicidad. Por el tacto sabe que es un pendrive.— Ana, acompaña a Frank por favor.— La elegante esposa del comisario, que estaba leyendo en el salón, se acerca.

—Gracias por todo Pedro.— Sabe que les están observando, así que, en vez de guardárselo, el pendrive sigue en su mano.— De vez en cuando te llamaré para ver como progresas. Cuídate amigo. No te muevas. Ya me acompaña Ana. — Tras recibir un cariñoso beso en la mejilla del periodista, Ana cierra la puerta. Frank toma el ascensor. En lo que extrae la funda para sacar y colocarse las gafas de sol, el pendrive está guardado en el bolsillo junto a funda.

En el edificio de enfrente, uno de los miembros de un equipo de escucha de La Hermandad  Negra, vigila el ventanal del comisario con un aparato llamado “Xaver” que permite ver, a través de las paredes. Coge el móvil que está al lado de una mesilla y aprieta el botón de llamada:

— Señor González, se acaba de marchar. No hemos escuchado nada relevante. El periodista le ha pedido ayuda, pero el comisario con buenas palabras se la ha negado. Así que sigue sólo. El comisario ha encendido su portátil y está mirando un foro sobre historia. Nada relevante.

— Bien. Manténgame informado en todo momento de lo que haga el comisario.— Tras colgar, el señor González, sentado en su asiento de cuero tratado,  apaga un puro habano apenas consumido en el cenicero de cristal Baccarat de encima de la mesa. El coronel Valverde está sentado frente a él con ganas de hacer tragar al banquero su asqueroso puro. Odia el olor a puro, bueno, realmente odia al señor González— Coronel, Frank Wolf está totalmente sólo. El comisario no ha querido ayudarle. Así que podrá hacer con él lo que quiera.

— ¿No tienen ustedes dos un pacto de “no agresión”?— Le pregunta el coronel sarcásticamente.

— Lo va a sacar de la circulación usted. No yo.— Le dice con sonrisa siniestra el director del Wells Fargo & Co.

 

Continuará.

segunda parte - afilando la muerte

Afilando La Muerte, 2ª parte de La Purga 5

La rueda afiladora está a su máxima velocidad. El gran machete comienza a soltar chispas, cuando su filo toma contacto con la superficie rugosa que gira rápidamente. Jason no cabe de gozo. Su jefe le ha prometido que, en poco tiempo, va a poder usar de nuevo su charrasca, así que está repasando el filo asesino con sumo cuidado. No quiere que, cuando comience a usarlo, se quede atascado en algún cuerpo. Tiene que cortar de un solo tajo:

—Desde octubre del año pasado no he podido desahogarme. Fue divertida la masacre en el campamento de Escalona. Gané por dos a Freddy y por cinco a Carlitos. Y porque el coronel me dijo que teníamos que marcharnos, si no, bato  mi propio record. Me encanta la cara que ponen cuando los acorralo contra la pared y ven cómo te encaminas hacia ellos a toda velocidad, guiado por mi mano. Y cuando su sangre salpica las paredes…ni el mejor “graffiti”. Menuda obra de arte.—Habla a su herramienta mortal con sumo cariño, mientras sigue afilándolo. Las perlas de sudor asoman en su cicatrizada frente. El dolor aparece en sus neuronas asesinas, aumentando gradualmente. Sabe que como no tome su dosis, el derrame cerebral será imparable. Retira su apreciado machete, lo deja en la mesilla que está al lado con un poco de dificultad, y saca un botecito blanco del posillo izquierdo del viejo pantalón vaquero, con la etiqueta pegada que tiene escrita “ESFACO-2” y extrae una cápsula.  Las nuevas pastillas que la farmacéutica de La Hermandad Negra ha proporcionado a la Escuadra Demencial, son mejores. Su efecto calmante es más duradero que las del “ESFACO -1”. Lo dobla. Hacen que se cansen menos todavía, y les proporciona una agilidad y una fuerza casi sobrehumana.  Pero no acaban con los instintos asesinos de quienes las toman. A la hermandad no le interesa. Quiere tener bajo su control, al mejor grupo de psicópatas que se haya formado. Así que, las pastillas mejoran al sujeto que las toma, pero siguen conteniendo la esencia del “ESFACO-1”, haciéndose necesarias si los miembros de La Escuadra Demencial quieren continuar vivos. Lo que fue un desastre de experimento militar, acabó siendo todo un éxito para los investigadores en protocolo de conducta de la farmacéutica  Progress & Healt.

La puerta del cuarto de trabajo se abre en el momento que Jason traga la pastilla. Carlitos entra sonriente. Cuando el gigante asesino se da la vuelta, su amigo ve el brillo sudoroso de la frente. Carlitos para en seco. Sabe lo que está sucediendo. El dolor que siente Jason es insoportable. Y, aunque las nuevas pastillas actúan más rápidamente, durante el minuto y medio que tardan en hacer efecto, el sujeto puede descontrolarse y matar cualquier ser vivo que tenga delante. Jason está inmóvil. Como una estatua. Mira fijamente a Carlitos. El gran machete está peligrosamente cerca de la mano derecha del enorme cuerpo. Si no fuera porque ha visto más veces así a su amigo, habría salido despavorido de allí. Al cabo del minuto y medio, Jason parpadea y sonríe a su bajito amigo.

— Hola Carlitos.

— Veo que te está preparando para la fiesta ¿Eh Grandullón?— Le comenta Carlitos sonriente, disimulando el pánico que hace unos segundos ha sentido.

— Sí— Dice con una sonrisa de oreja a oreja, mientras se seca el sudor de la frente con un pañuelo manchado de sangre seca, que pertenecía a alguien que Jason llevó a mejor vida. Le gustó el bordado que ponía “Te quiero”. Pone en marcha de nuevo la piedra de afilar. Coge el machete y vuelven a aparecer las chiribitas en el filo.

— Me encanta tener conversaciones trascendentales contigo Jason.— Dice Carlitos. “Y que antes del experimento, no se callaba ni debajo del agua…” Piensa el pequeño psicópata.— El coronel nos ha dicho que la hija del periodista no debe sufrir ningún daño, hasta que él lo diga.

— Ok. Hasta que él lo diga.— Repite Jason. Levanta el largo machete y lo observa el filo de abajo a arriba. Lo blande a izquierda y a derecha. El zumbido atemoriza a Carlitos. — Espera un momento.— le dice, mientras con su machete se dirige hacia la puerta del baño. Cuando la abre, se oye un grito aterrador. Carlitos mira al suelo mientras mueve la cabeza negativamente. Se escuchan dos golpes secos. Jason sale de la habitación con la cara y el pecho manchado de sangre que comienza a resbalar al igual que la que hay en el filo de su herramienta de trabajo. Carlitos está enfadado:

— ¡Te he dicho mil veces que no traigas aquí tus víctimas! ¡El coronel nos lo tiene prohibido!

— No te enfades hombre. No es lo mismo probar el corte en la carne de un animal, que en una persona. Lo sabes Carlitos.

— Pero ya sabes las órdenes. Nada de traer gente viva aquí. ¿Y si se escapa?— Dice Carlitos más calmado.— El coronel  nos despelleja vivos… ¿Qué tal corta?

— Genial. En dos movimientos, cabeza al suelo y cuerpo partido por la mitad.

— Bien. Vas a tener bastante trabajo esta vez. Al coto de caza al que vamos es más grande que la última vez.

— ¿Va Clown?— Pregunta Jason.

— Por desgracia sí.

— Menudo payaso. —Dice con desprecio Jason. Carlitos está a punto de echarse a reír. Pero no se atreve. Jason es impredecible.

— La Hermandad ha pensado que al tener un territorio bastante extenso, y tener que actuar rápidamente, para hacer desaparecer cuanto antes a los refugiados, necesitaremos de nuevo la ayuda de ese loco y su grupo de tarados.

— Pues que no se me ponga alguno de ellos a la distancia efectiva de mi machete. No me gusta la competencia.

— Y al coronel tampoco. Es más, tiene un mosqueo de cuidado, porque otro grupo más, probablemente se una a la fiesta.

—Seguro que nos ponen a prima de productividad.— Carlitos aguanta el romper a reír de nuevo. Si no es porque Jason lo ha dicho en serio, hubiera estado muy gracioso.

— Anda. Lávate y deshazte del cadáver. El coronel nos quiere ver a todos en la sala de reunión.— Carlitos se marcha por donde ha venido, mientras el gigante psicópata se acerca al lavabo del baño. Cuando ve las losas blancas manchadas de la escurrida sangre de su última víctima, comienza a sentirse decaído:

— Y ahora a limpiar. Menuda mierda.— Le dice a su machete, mientras abre el grifo del lavabo. Los rayos de sol de la mañana principiante, asoman por la ventana y comienzan a iluminar el pequeño matadero. Jason levanta la mirada y observa como el cielo comienza a pasar del negro nocturno al azul celeste, y a aparecer el paisaje verde, salpicado por los variados colores de las flores silvestres. Los cantos de los pájaros dan la bienvenida a la mañana primaveral:

—Menuda mierda de amanecer.— Se dice mientras baja la mirada y continúa lavándose la sangre de su última víctima.

Continuará.

primera parte - venganza

La Venganza, 1ª parte de La Purga 5

Papá, me voy esta noche de fin de semana con mis amigos a la casa del río.— Le comenta cariñosamente Andrea.

No tesoro. Sabes que, aunque la cuarentena se ha levantado, la zona contaminada no está asegurada del todo. Además es muy tarde.— Dice Frank Wolf lo más amable que puede, aunque todas las alarmas se le han disparado en cuanto escucha la propuesta de su hija. Deja al instante de escribir en su ordenador, el nuevo artículo sobre el fin de la pandemia.

Va papá. Venga. Somos siete los que vamos, así que, sabremos defendernos si hay algún infectado suelto.— Le dice cariñosamente.— He estado en situaciones peores. Lo sabes. — Frank recuerda cuando los mercenarios contratados de La Hermandad Negra le secuestraron junto a su hija. Deja las gafas encima de la mesa. Le escuecen sus azules ojos, tras varias horas delante de la pantalla de ordenador.

Lo sé reina, pero no es eso. No me fío del psicópata del coronel. A pesar de publicar la relación directa, con pruebas irrefutables, entre La Escuadra Demencial y altos cargos de la farmacéutica Progress & Healt, pertenecientes a La Hermandad Negra, no quiero confiarme. Sé que ahora no pueden tocarnos, tras el acuerdo que tuve con el señor González, pero no me fío del coronel. Es un loco asesino, y, a pesar de las garantías del jefe de la hermandad, algo me dice que no baje la guardia. Andrea ¿Cómo te puedes fiar de una empresa, que es capaz de provocar un Armagedón para ganar dinero, y se vaya de rositas? Además, hace poco estuve en un campo de refugiados de la pandemia, a las afueras de Navalcarnero, y algunos evacuados me contaron, con mucho miedo,  que había un grupo de mercenarios que se llevaban grupos de refugiados para facilitar la evacuación y tratarlas con la nueva vacuna, pero que desde entonces, no saben nada de esas personas.

Papá, si hubieran querido hacernos daño, ya lo hubieran hecho hace tiempo ¿No?

Cierto hija, pero llevo varios días con ese “Come, come” en el estómago de que algo gordo va a ocurrir, y por desgracia, casi siempre  acierto.— Le comenta preocupado Frank a su hija.— Anda, coge las llaves del coche. Me llamas en cuanto llegues. Si veis algún infectado, no intentéis enfrentaros a él. Llamad a La Guardia Civil y que se encarguen ellos.

Después de estar tanto tiempo sin comer nada, están muy débiles. No tienen fuerzas ni para arrastrarse.

Tú hazme caso, que te conozco.

No te preocupes papá. Te llamo en cuanto lleguemos. ¿Y la llave del coche?

Encima de la mesa del salón. No se te olvide coger las llaves de la casa del río.

Ya las tengo guardadas en la mochila.

O sea que, ibas a ir a la casa del río, sí o sí. Dice Frank con un tono irritado. Le sienta fatal que toda la conversación haya sido mera formalidad. Andrea le mira a los ojos y sonríe. Toda la autoridad se va al traste cuando le da un beso en la mejilla.

Te quiero papá. No te preocupes tanto y vete a cenar con mamá.

Cuando termine el artículo y se lo envíe a Luis, me tomaré un respiro  Andrea coge su mochila y la llave del coche de su padre y se va feliz, pensando en el buen fin de semana que se le presenta con su novio y sus amigos. Tras cerrar la puerta, Frank ni se molesta por no despedirse. Sabe que su hija volverá en breve. No pasa ni un minuto, cuando la puerta de la calle se abre.

El coche está aparcado en frente, nada más salir a la calle. Dice el periodista sin apartar la mirada de la pantalla, enfrascado en el artículo, nada más asomar su hija por la puerta de su habitación de trabajo.

¡Gracias papá!  Y así como había aparecido, desaparece dejando al padre intranquilo, escribiendo con los ojos enrojecidos.

A pesar del acuerdo entre él y el cabecilla de la siniestra hermandad, Frank sigue escribiendo sobre la pandemia que ha azotado el centro de España. No escribirá sobre la hermanad, pero sí de varios miembros del gobierno, con conexiones con la siniestra corporación.  Tras varios miles de muertos, y un ladrillo más para el saco de la deuda de la ya precaria economía del país, se pagaron millones de euros a Progress & Healt por una vacuna, que, en tiempo record, acabó con la pandemia. Increíble. Una vacuna tarda bastante tiempo en ser efectiva. Meses. Ésta, tras un par de meses, estaba ya inoculándose con una efectividad de un ochenta por cien. Y lo peor fue que, para las clases pudientes, había otra vacuna con un cien por cien de efectividad. Y el gobierno, en vez de anteponer el interés general, pagó religiosamente lo que la farmacéutica pidió. Y por lo que le han contado otros colegas periodistas de Frank, en otros países, sus gobiernos han hecho lo mismo. Esto es un escándalo de proporciones internacionales. Y Frank como buen periodista, sabe que no puede hablar de La Hermandad Negra, pero sí de la relación del gobierno con los lobbies financieros de la hermandad. Su gata salta encima de la mesa y se pone delante del ordenador, sobresaltando a Frank. Le mira frente a frente, quieta como una estatua:

Aparta Shiba. Le dice cansado Frank. La gata no se mueve Está bien. Termino una frase y lo dejo.  La gata, se quita de en medio y se va. Frank por uno momento piensa si su gata le entiende, pero al escuchar abrirse la puerta de la calle, rectifica. Su mujer acaba de llegar de trabajar. “Es hora de descansar”, piensa. Apaga el ordenador y va a saludar a su mujer, cenar y si se tercia, hacer el amor. Pero una vez en la cama, el cansancio al final se antepone para los dos.

Los rayos de sol entran entre las cortinas del dormitorio, dando los buenos días a la perezosa gata tumbada en un cojín junto a la ventana. El animal se despereza estirando el estilizado cuerpo y clavando las uñas en la pequeña almohada. Tras bostezar, dirige sus silenciosos pasos hacia la cama de sus amos. De un ágil salto se coloca en la mesilla de noche de Frank. Mira fijamente a los dos que la mantienen y a la mesilla de su mujer. “Despertad ya” parece decir mientras pasa por encima de las cabezas de Frank y su mujer hasta la otra mesilla de noche.

— Joder Shiba, no te podrás estar quieta. Ya te has despertado… y los demás tenemos que despertarnos. Joder. Dice Frank con voz dormida. Su mujer con los ojos entrecerrados sonríe:

Buenos días cariño  Y se da la vuelta para seguir durmiendo. A Frank, de siempre, le ha costado mucho conciliar el sueño una vez que se despierta y, desde que estuvo internado cuando era un crío, tiene la costumbre de levantarse nada más abrir los ojos. Se viste y se baja a comprar el pan. Toma el ascensor y tras cruzar el pasillo del portal, abre la pesada puerta de la calle. Es muy temprano y apenas hay gente andando por la calle. Se queda paralizado. Su coche está sigue en el mismo sitio que le dijo a su hija. “Algo no va bien” piensa. El estómago se le encoje. Coge el móvil de su riñonera, con la esperanza de que su hija la haya escrito un mensaje de que ella y sus amigos se han ido en otro coche. Abre el whatssap…Nada. La llama…No contesta. La desesperación comienza a invadirle. Temeroso, se acerca al coche con paso vacilante. Tira de la manilla de la puerta. Se abre. La llave del coche está puesta en el contacto. Frank quiere gritar. Sabe lo que ha pasado, pero la angustia no le deja. Se sienta y comienza a mirar por todo el coche un busca de algo…Mira el parabrisas y ve un folio sujeto por el limpiaparabrisas. Sale del coche y coge el folio.

Hay escrito una nota:

Holaaaaaaaaa, ¿Qué tal estás capullo? Pensabas que ya no ibas a saber más de nosotros, pero te equivocas. Queremos que veas nuestro trabajo de primera mano y contar realmente lo que hacemos…si sobrevives claro. Si quieres volver a ver a tu hija, ven a estas coordenadas:

40º 08’ 13,06” N   3º 34’ 14,66” O

El coronel.

P.D.: Nos vamos a divertir, jaaaaaaaajajajajaja. Mucho.jajajajajaajajajajaja. Besitos.

Clown.

 

Continuará.