Capitulo 2 - Arrepentimiento

Capítulo 2, Arrepentimiento

El barco estaba a la deriva. Parecía un barco fantasma. Su color naranja destacaba en el azul oscuro del mar. Por más que la corveta rusa llamaba por radio al barco, nadie contestaba. Decidieron abordarlo. Una lancha con una patrulla de marineros armados, se acercó. El capitán comunicó a Múrmansk el hallazgo del barco. Llevaban días sin saber nada, ni de ellos y ni del campamento base. Un grupo de rescate fue enviado a la base, y lo único que encontraron fueron ruinas y cenizas. Ningún superviviente. Las patrullas navales de Suecia y Rusia, captaron una llamada de socorro del barco expedicionario “New York”, pero a los pocos minutos, se perdió toda comunicación. La baliza de localización no funcionaba, por lo que fue imposible localizar el barco…hasta ahora:

—Capitán, aquí el teniente Sorokina. Procedemos a abordar el barco por popa.— Comunicó el jefe de la patrulla, mientras la lancha se dirigía a la parte trasera del barco, pues era la parte más fácil para acceder a él.

— Muy bien teniente. Manténgame informado de todo lo vea. Y tengan cuidado. En el campamento científico no encontraron supervivientes. — Contestó el capitán desde el puente de mando, mientras observaba con sus prismáticos el barco fantasma. Pero se encontraron con una dificultad que no esperaban. Los restos de un helicóptero dificultaban mucho subir por la escalerilla metálica que daba acceso a la cubierta:

— ¿Está viendo esto capitán? — Preguntó el teniente, mientras el comandante del barco observaba ya en la sala de operaciones, las pantallas que mostraban las imágenes de las pequeñas cámaras que llevaban los cascos de combate que llevaban los marineros.

— Válgame Dios. ¿Qué coño ha ocurrido ahí? Extreme las precauciones Oleg.— Le advierte el capitán con cara de preocupación. Los marineros, una vez en la zona de aterrizaje del barco, se desplegaron por toda la cubierta, cubriendo con sus armas cada rincón y puerta de la popa del barco. Ninguna señal de vida. Con señales manuales, el teniente indicó a uno de los marineros que abriera la puerta que accedía al interior del barco. La puerta no se abría. El marinero indicó que la puerta no se abría. El teniente indicó a otro marinero que fuera a ayudar a su compañero. Nada. No había manera de abrirla:

— ¡Teniente. La puerta está cerrada desde dentro!— El joven teniente, tras comprobar que no había peligro alguno que pudiera acechar a la patrulla, se acercó hasta la puerta. Intentó abrir la puerta con ayuda de sus hombres, pero no había manera.

— Use una carga teniente— Le ordenó el capitán que observaba la escena en las pantallas. El teniente señaló a uno de los marineros, y éste, rápidamente se acercó a la puerta, colocó un pequeño explosivo plástico en la rueda giratoria de apertura de la puerta. Todos se alejaron. A una señal del teniente, el soldado apretó un botón, y la puerta cedió a la explosión. Velozmente los marineros entraron seguidos del teniente. Todo estaba oscuro. Las linternas de los cascos iluminaban los estrechos pasillos del barco. Primero llegaron a la enfermería. Estaba desordenada, y la camilla estaba llena de sangre seca.

— Probablemente sea del piloto del helicóptero— Dijo el teniente a sus hombres. Siguieron la búsqueda de señales de vida. Encontraron los camarotes. Entraron uno a uno. Nada. Algunas camas revueltas, cosas personales tiradas por el suelo… como si hubieran tenido que marcharse a toda prisa. Un camarote llamó especialmente la atención. Era el camarote del capitán, el más próximo al puente. Había señales de lucha. Como si hubiera habido una pelea. Un hacha con restos de sangre estaba clavada en la pared del capitán. El teniente tocó la sangre. Estaba seca. “Esto pasó hace unos días” pensó, e indicó a sus hombres que continuaran hacia la proa del barco. Dejarían la sala de máquinas para el final. A medida que se acercaban al puente de mando, las señales de lucha eran cada vez más visibles. Había rastros de sangre por todos lados…pero ni un cadáver. La puerta que daba al puente estaba cerrada por dentro, igual que por la que entraron. Repitieron la operación. Pequeña carga explosiva, detonación y entrada perfecta de los marineros, cubriendo hasta el último rincón. Nada. No había nadie.

— Teniente ¿Cómo es posible que estuviera cerrada por dentro, y no haya nadie?— Preguntó un poco asustado el marinero Dmitriy. Era el más joven de todos. Le llamaban “Dima” cariñosamente. Pero era un experto con el cuchillo, a pesar de su juventud. Nunca le preguntaron dónde aprendió tal habilidad.

— Aquí está la respuesta, teniente— Señaló el sargento Viktor a una ventana rota con un rastro de sangre que se perdía en el exterior. — Alguien entró por la ventana y se llevó a quien estuviera aquí.

— Bien. Quiero que estéis muy atentos a cualquier indicio de movimiento. No creo que haya supervivientes y si los hay, estarán escondidos.  En algún lado deben de estar. Así que continuaremos la búsqueda, hasta que hayamos registrado el último rincón de este puto barco. Estad atentos. Nos dividiremos en dos escuadras. Una vendrá conmigo e iremos por la zona de estribor, registrando una por una, las cubiertas del barco. La otra irá con el sargento Viktor por babor haciendo lo mismo. Nos encontraremos en la sala de máquinas.  Capitán aquí el teniente Sorokina…

—Le escucho teniente. Me parece bien el plan. Pero no hay tiempo. El puesto de mando de la base me ha dicho que remolquemos el barco hasta Múrmansk. Ya han comunicado a la ONU el hallazgo del barco, y quieren apuntarse el tanto. Así que arranque el barco y síganos.

— Pero capitán, no sabemos lo que hay aquí. Es muy peligro acercar el barco a la costa. Está claro que lo sucedido en el barco es algo terrible, y tenemos que averiguar qué ha sucedido antes de remolcarlo….

— ¡Son órdenes de Moscú Sorokina! ¡Haga lo que le digo, o habrá consecuencias!— El teniente estuvo a punto de desobedecer la orden de su capitán. Pero las represalias también recaerían sobre sus hombres. El teniente se acercó a los mandos del barco. Apretó el interruptor de encendido, pero el barco no despertaba. Lo intentó varias veces, pero con el mismo resultado. Se agachó y abrió el panel que daba acceso al cableado de los mandos del barco. La sorpresa del teniente fue mayúscula. Todos los cables estaban arrancados o cortados. El que fuera, no quería que el barco se moviera. Tenía unas ganas inmensas de echar a correr a la lancha con sus hombres, poner cuatro cargas en la base del casco y volarlo.

—Capitán, aquí el teniente Sorokina. Quiero que eche un vistazo a esto.— La cámara de su casco mostraba el amasijo de cables destrozados de los mandos del barco.

— Escúcheme Oleg. Vamos a acercarnos y les tiraremos varios cabos para comenzar a remolcarlo. El barco se viene con nosotros.

— A la orden capitán. Bien marineros. Ya han oído al capitán. Viktor, vaya a proa con tres hombres para coger los cabos. Yo me quedaré en el puente para controlar el barco mientras lo llevan a puerto. Los demás abrid bien los ojos. No quiero a nadie que se mueva solo por el barco. Siempre en binomio. Y no entréis en el barco. Cerrad todas las puertas que den al interior. — La popa de la corbeta estaba a la suficiente distancia para largar los cabos al sargento Viktor y sus hombres para que los engancharan a las cornamusas del barco. Una vez enganchado, la corbeta comenzó el lento recorrido hasta Múrmansk. El teniente Sorokina, controlaba el timón del barco fantasma. Se le pasó por la cabeza que sus hombres siguieran el registro del barco, pero no quiso arriesgarse. “Que vengan los de Moscú a registrarlo”. El mar estaba en calma, así que la travesía fue tranquila hasta la llegada del puerto.

Los remolcadores llevaron al barco científico hasta el muelle, donde esperaban las autoridades militares y soldados. Esta vez con trajes NBQ.  Los operarios del muelle, colocaron una pasarela. Los soldados con los trajes especiales comenzaron a subirla y a adentrarse en las entrañas del barco naranja. La corbeta dio media vuelta y se dirigió a alta mar a continuar su patrulla rutinaria. Desde popa el capitán y el teniente observaban la escena con sus prismáticos:

—Deberíamos haberlo hundido capitán. Ese barco guarda la muerte.

— Lo sé teniente. Todo lo que me mostró, también lo estaba viendo el cuartel general. Insistieron en que trajéramos el barco de vuelta. Voy al camarote a escribir el informe, ahora  que tengo tiempo. Avíseme si hay alguna novedad.

— A la orden capitán.— Y los dos oficiales se dirigieron al interior del barco. Uno a su camarote y otro al puente. Había pasado una hora, cuando  el capitán estaba terminando en su ordenador, el informe reglamentario sobre lo ocurrido en el barco científico.

— ¡Capitán se requiere urgentemente su presencia en el puente!— Dijo una voz por el interfono que estaba en su mesa. Cogió su sombrero de capitán del perchero y salió del camarote. Con paso rápido, cruzó el pasillo que llevaba al gobierno del barco. Se extrañó de no toparse con algún marinero. Una vez en el puente, el segundo de abordo le dijo que entrara al cuarto de combate. Varios marineros estaban junto a la emisora. Cuando el capitán hizo acto de presencia, todos se cuadraron como mandaban las normas de la antigua armada rusa. El operador de radio cortó una emisión que todos escuchaban.

— ¿Qué sucede operador de radio?— Preguntó curioso el capitán al ver a sus hombres arremolinados alrededor de la emisora.

— Capitán, la comandancia nos ordena que volvamos inmediatamente a  Múrmansk.—-El soldado extendió el brazo para entregar el papel con la orden imprimida. El capitán cogió el folio y leyó la orden.

— Teniente Sorokina, ordene al timonel que fije rumbo a Múrmansk.— Ordenó el capitán por el interfono del cuarto de guerra.

— ¡A la orden capitán! — Se escuchó marcial la voz el joven segundo Sorokina por el interfono.

—  ¿Y ahora me van a decir qué escuchaban?— Preguntó el capitán muy serio. El operador de radio se acercó a la emisora sin decir nada, y apretó el botón de FM. Una voz muy asustada se escuchaba de nuevo. La respiración entrecortada hacía difícil oírla bien.

— ¡…Esto es una locura…! ¡Vuelvo a repetir! ¡Retransmitimos en directo desde la base naval de Múrmansk!… ¡Hace cuestión de una hora, unos soldados entraron en el barco “New YorK” que se perdió durante una malograda expedición científica al círculo polar ártico, para…!

— ¡Vámonos Pasha! — Se escuchó otra voz.

— ¡Ya termino Edik. Corre tú al coche…!— El que hablaba parecía que se tomaba un breve tiempo para poder controlar la excitada respiración, y poder hablar con más calma.—Por lo que he visto desde la entrada al que da al muelle donde está atracado el barco, unos soldados vestidos con trajes especiales para epidemias entraron en el barco. Pasado un tiempo, se vieron especies de flash a través de los ojos de buey de parte inferior del barco. Después salieron del interior del barco, algunos soldados con los trajes… ¡Destrozados, joder! ¡Perseguidos por personas que creo son miembros de la tripulación del barco…!—La excitación volvió a hacerse palpable en la voz.— ¡Los escoltas de los mandos y soldados que protegen… a las autoridades militares que están en el muelle, les han disparado y han caído fulminados…! ¡Los hijos de puta se han vuelto a levantar y han atacado a los que estaban en el muelle…los han matado a mordiscos! ¡Y los que…!

— ¡Pasha joder, que vienen hacia aquí corriendo!— Algunos soldados y generales corrían hacia la salida perseguidos por los del barco y por los que habían sido atacados. Gritaban  y gruñían mientras corrían a una velocidad endiablada. Los generales iban siendo dejando atrás por los jóvenes soldados que ya no se detenían a disparar. Algún mando gritaba ayuda a sus soldados, mientras era tirado al suelo y dentellado. Nadie miraba atrás.

— ¡Abrid la puerta! ¡Deprisa! ¡Abrid la puerta!— Gritaba uno de los soldados que huía a los que custodiaban la entrada. No hizo falta. Los que vigilaban el acceso ya estaban saliendo por la alambrada puerta, dejando las armas en el suelo o en las garitas que guardaban la entrada. El capitán y sus hombres escuchaban la retrasmisión como si se tratara de un partido de futbol de su selección. Los rápidos pasos y la respiración entrecortada de Pasha se escuchaban a través del altavoz de la emisora. Los marineros estaban en completo silencio. El capitán había ordenado que la trasmisión se escuchara en todo el barco. Los maquinistas estaban metidos en el cuarto donde se controlaban los motores del barco. Uno de los cocineros tapó una sartén ardiendo, porque, ensimismados con lo que escuchaban, no prestaron atención a lo que estaban cocinando. En el comedor nadie masticaba…, el micrófono abierto que Pasha llevaba, seguía hablando:

— ¡Sube Pasha! ¡Vamos, vamos, vamos!— Le acuciaba su amigo Edik sentado ya en el coche con el motor en marcha, y la puerta del acompañante abierta. Casi como un nadador salta al comienzo de una carrera, el periodista se lanzó al interior del coche.  Por los altavoces del barco se escucha un golpe seco. Seguidamente unos gritos inhumanos junto con unas zancadas iban aumentando de volumen. Se escuchó cerrar la puerta y al instante un impacto contra la puerta:

— ¡Acelera Erik!— El acelerón de las ruedas se percibió claramente. La respiración todavía se escuchaba acelerada.

— ¿Qué coño pasa Pasha?— Le gritaba Edik a su amigo.

— ¡No lo sé, una especie de epidemia, como lo de las películas esas de zombies, pero que esta vez es real! ¡No lo sé, mierda!… ¡Cuidado con el camión!— La retransmisión se cortó repentinamente.

— ¡Zafarrancho de combate!— Ordenó el capitán. Todos despertaron del trance. El entrenamiento militar continuo, hizo que cada uno estuviera en su puesto en poco tiempo, mientras la alarma chillaba. El capitán se dirigió al puente con un pensamiento que comenzó a pesarle mucho. “Teníamos que haber hundido el maldito barco”.

Continuará.